Los esfuerzos para reducir los obstáculos a la accesibilidad en el transporte se han traducido, en los últimos diez años, en una serie de cambios para cada uno de los eslabones mencionados. De ellos interesa sobre todo reflejar aquí los que afectan a los denominados problemas principales de cada uno de los medios de transporte.
Un método para analizar los cambios habidos y por haber en los distintos medios de transporte en relación a dichos problemas principales es utilizar una serie de indicadores de la accesibilidad seleccionados en función de las siguientes características: relevancia para la accesibilidad, facilidad de medición o cálculo y sencillez en la interpretación.
Los indicadores a seleccionar deben ser relevantes, es decir, deben reflejar el estado de la cuestión en relación a los problemas principales de la accesibilidad señalados en el capítulo anterior, sin desviarse hacia elementos de menor importancia que pudieran enturbiar la comprensión del proceso de mejora de la accesibilidad. Téngase en cuenta que su evolución permitirá aproximarse a la velocidad de adaptación de cada medio de transporte y aquilatar el camino que falta por recorrer.
Los indicadores han ser también fáciles de medir o calcular, pues de ese modo habrá garantías de que la información esté disponible en plazos razonables y con costes moderados de elaboración; y sencillos de interpretar por parte de los ciudadanos, los técnicos y los políticos interesados en la accesibilidad, puesto que en caso contrario no facilitarían el debate, el consenso y la proposición de medidas para la mejora de la accesibilidad.
Cada uno de los indicadores “básicos” de la accesibilidad puede ser matizado y contrastado con otros indicadores o referencias complementarias o de apoyo. De ese modo se podrá evaluar con mayor riqueza y precisión el proceso de ampliación de la accesibilidad para cada uno de los medios de transporte.
Tabla 9. 3. Indicadores de la accesibilidad para cada medio de transporte.
| Indicadores basicos | Indicadores de apoyo | |
| Autobuses urbanos y suburbanos | numero de autobuses de piso bajo y su proporcion sobre el total | Numero de buses con rampa y sistema de arrodillamiento en uso y su proporcion sobre el total. |
| Ferrocarril metropolitano | estaciones practivables y su proporcion respecto al total | proporcion de viajeros que utilizan las estaciones practicables respecto al total. |
| Ferrocarril de cercanias | Estaciones practicables | Proporcion de viajeros que utilizan las estaciones practicables respecto al total. |
| Ferrocarril interurbano | Estaciones practicables y material móvil practicable | Proporcion de viajeros que utilizan las estaciones practicables respecto al total y proporcion de viajeros que utilizan el material movil practicable |
| Autobuses interurbanos | Lineas con autobuses practicables y proporcion sobre el total | Proporcion de viajeros en dichas lineas practicables sobre el total |
| Tranvias | Lineas y material movil practicable | proporcion de vehiculos con rampa de acceso |
| Taxis | numero de taxis adaptados y proporcion respecto al total | distribucion en el territorio de los taxis adaptados. Provincias que alcanzan una disponibilidad minima de taxis adaptados y porcentaje de poblacion que representan |
| Aviacion | Numero de aeropuertos practicables y su proporcion respecto al total | Proporcion de pasajeros que utilizan los aeropuertos practicables |
| Transporte Maritimo | Terminales portuarias practicables. Proporcion de viajeros que utilizan las terminales portuarias practicables | Barcos practicables. Proporcion sobre la flora total |
el cuadro anterior hay que hacer algunos comentarios sobre el uso de varios de los conceptos que incluye. En particular, se utilizan las definiciones de adaptado y practicable como extensión, a los vehículos, de las empleadas en algunas leyes autonómicas de supresión de barreras en relación a la edificación o a los itinerarios peatonales.
Así, por ejemplo, la Ley de Promoción de la Accesibilidad y Supresión de Barreras Arquitectónicas de la Comunidad de Madrid (Ley 8/93) establece en su artículo 16 que los espacios, instalaciones o servicios pueden ser:
a) Adaptados. Se considera un espacio, una instalación o un servicio adaptado, cuando se ajusta a los requisitos funcionales y dimensiones que garantizan su utilización, de forma autónoma y con comodidad, por parte de las personas en situación de limitación o con movilidad reducida.
b) Practicable. Se considera un espacio, una instalación o un servicio practicable, cuando, sin ajustarse a todos los requisitos anteriormente citados, no impida su utilización de forma autónoma a las personas en situación de limitación o con movilidad reducida.
A efectos del presente trabajo, el problema de estas definiciones o de otras semejantes es que introducen un cierto grado de ambigüedad en los umbrales de qué es y qué no es adaptado o practicable; definición de umbrales que no siempre se solventa con el establecimiento de exigencias concretas en el articulado y los reglamentos para su calificación como adaptado o practicable, puesto que el propio sujeto de las limitaciones está sin definir. Además, las normas que determinan algunos parámetros sobre los que se puede basar la distinción entre lo que es y no es adaptado o practicable ni siquiera son idénticas en todas las comunidades autónomas, por lo que tampoco cabe una sujeción estricta a la ley para calificar “lo adaptado” o “lo practicable” unívocamente.
Por ejemplo, la condición de practicable en Madrid implica que el espacio en cuestión “no impida su utilización de forma autónoma a las personas en situación de limitación o con movilidad reducida”, pero indudablemente la gama de situaciones de limitación y de “reducciones” en la movilidad es casi infinita, lo que obliga a fijar por convenio unos umbrales a partir de los cuales se considera que la población afectada e incapaz de salvarlos es suficientemente pequeña como para no aumentar las exigencias.
Estas ambigüedades conceptuales se unen a unas limitaciones operativas, pues las circunstancias ideales de la accesibilidad, capaces de calificar a un edificio (una estación por ejemplo), una instalación, un servicio o un vehículo como adaptado o practicable pueden ser tan exigentes que no haya ejemplos que las satisfagan en su totalidad, lo que impide la apreciación matizada del proceso de introducción de mejoras en la accesibilidad.
Por consiguiente, a efectos de este trabajo se considera una estación como practicable aquella que garantiza el desplazamiento en silla de ruedas entre los elementos principales de la edificación, es decir, entre la entrada y las taquillas y entre éstas y los andenes. Mientras que los vehículos practicables son los que permiten el acceso y la localización de las sillas de ruedas en su interior.
Obviamente, se podrían haber elegido otras determinaciones del carácter practicable
de un espacio o un vehículo, pero la aquí propuesta tiene la ventaja de permitir
aproximarse a las tendencias en curso, sin que la complejidad de los obstáculos
impida disponer de un instrumento de medida capaz de ayudar a la evaluación
del proceso.
Una vez establecidos los elementos principales y los indicadores de la accesibilidad a manejar para cada medio de transporte, se procede a continuación a desmenuzar la situación de cada uno de ellos y sus perspectivas de evolución a la vista de lo ocurrido en el pasado y de los planes y proyectos actuales de las compañías operadoras y las administraciones competentes.
Antes de pasar a ese análisis pormenorizado conviene advertir que la clasificación de los medios de transporte aquí establecida no pretende ser académica sino de tipo operativo, es decir, atiende al funcionamiento del sistema de transporte público en España con independencia de su agrupación en la teoría y la planificación del transporte. Por ese motivo, el modo o el medio de transporte no se han considerado categorías suficientemente clarificadoras a efectos de la accesibilidad y, por consiguiente, se han segregado los medios de transporte con el criterio adicional del tipo de servicio que prestan en cada caso.
5.1 Autobuses urbanos y suburbanos.
| Problema principal | problemas complementarios | Aspectos sociales e institucionales |
| Relacion entre la acera y el vehiculo. Disponibilidad de sistemas faciles y comodos de embarque para todo tipo de usuarios | Espacio, disposicion y anclajes para sillas de ruedas o carritos de niño en los vehiculos. | Formacion
de los conductores.
Normas de acceso de carritos de niño Disciplina circulatoria |
|
Indicador básico |
Indicador de apoyo |
|
Número de autobuses de piso bajo y su proporción sobre el total. |
Número de buses con rampa y sistema de arrodillamiento en uso. |
|
2.863 (38,17%) |
2.290 (30%) |
Fuente: Base de datos Acceplan. Véase apéndices de este documento.
Tal y como señala el informe final de la acción COST (Cooperación Europea en el Campo de la Investigación Científica y Técnica) nº 322 dedicado a los “Autobuses de piso bajo” este tipo de vehículo es el elemento principal de un sistema completo de mejora de la accesibilidad que incluye también el dispositivo de inclinación o arrodillamiento del autobús, la rampa escamoteable de acceso y la propia parada (COST 322, 1998). Por sí solo el autobús de piso bajo representa un salto enorme en la accesibilidad de este tipo de vehículos para la totalidad de los usuarios, estableciendo un nuevo campo de oportunidades para la aplicación de medidas complementarias que faciliten el acceso de grupos de usuarios como los que se desplazan en silla de ruedas.
La figura 9.2. ilustra la transformación que ha tenido el diseño de los autobuses para alcanzar el concepto actual de autobús accesible o de piso bajo. En ella se observa cómo, frente a los modelos convencionales de hace sólo unos pocos años, que presentaban dos escalones de subida de 200 mm a 340 mm del pavimento, los modelos actuales tienen el suelo sin escalones a 320 mm o incluso a 240-250 mm cuando se inclinan o arrodillan. Esas dimensiones permiten que el despliegue de una rampa de gradiente moderado salve el diferencial restante con las aceras de las paradas de autobús, cuyas alturas rondan los 150 mm.
Esa evolución tecnológica se fue reflejando en las flotas de autobuses al mismo tiempo que se fue modificando la concepción de las paradas: del poste informativo se ha pasado al diseño corporativo de espacios protegidos de las inclemencias meteorológicas y capaces de ofrecer información adecuado a cualquier usuario. La síntesis de los cambios producidos en la última década en esos dos eslabones de la accesibilidad, en los vehículos y en las paradas, ilustran a continuación las posibilidades de transformación del sistema de transportes cuando se orientan los esfuerzos en la dirección oportuna.
Fig 9.2. La evolución de los autobuses en relación a la facilidad de acceso que ofrecen.

Una década de fuerte evolución de la accesibilidad en los autobuses urbanos.
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Vehículos |
Paradas |
|
1990 |
no circulan autobuses de piso bajo. |
Sólo en algunas ciudades un número limitado de paradas están protegidas y resultan cómodas para los usuarios y para la aproximación de los autobuses. |
|
2000 |
36% de los 7.500[4] autobuses urbanos son de piso bajo. |
Las marquesinas están instaladas en casi dos terceras partes de las paradas, aunque todavía muchas presentan obstáculos para el acceso a los autobuses por parte de ciertos usuarios y siguen existiendo numerosas dificultades para la aproximación de los autobuses a las mismas. |
Fuente: Base de datos Acceplan. Véase apéndices de este documento.
En efecto, durante los últimos años la incorporación de autobuses de piso bajo está siendo masiva, hasta el punto de que ya no hay renovaciones de flota en las que los nuevos vehículos no tengan dichas características de accesibilidad. Los fabricantes y carroceros han asimilado en sus diseños este requisito de modo que prácticamente han desaparecido del mercado los autobuses que presentan escalones en sus puertas de acceso o descenso. Únicamente algunos modelos especiales para vehículos con fuentes de energía alternativas al gasoil, como los de tracción híbrida (eléctrica-diesel) o de combustión de gas natural, han mantenido plataformas de acceso que no son de piso bajo.
Con bastante más retraso se está produciendo también la incorporación de autobuses de piso bajo a las flotas que ofrecen servicios metropolitanos, suburbanos o de cercanías. Los motivos que explican esa demora son las diferencias en el tipo de servicio que ofrecen, con velocidades y recorridos de rango superior, que inducen la adopción en ocasiones de vehículos algo diferentes a los de uso urbano[5].
Varios factores han intervenido para que la reconversión de las flotas urbanas se produzca al acelerado ritmo que lo han hecho: la financiación pública, el éxito técnico y operativo y la reducción del diferencial económico entre autobuses de piso bajo y autobuses escalonados.
El proceso de transformación de la flota de autobuses urbanos fue y es todavía estimulado por los convenios suscritos anualmente por el IMSERSO con la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y por otros acuerdos paralelos entre las compañías operadoras y las distintas administraciones que las arropan.
El estímulo público de los autobuses de piso bajo condujo a la necesidad de cambiar los modelos del mercado y con ello a una reducción progresiva del diferencial de precios de compra entre los autobuses de piso bajo y los escalonados. Para los fabricantes y carroceros el piso bajo fue inicialmente un desafío tecnológico ya que hubo que modificar la localización de numerosos elementos del vehículo instalados previamente bajo el piso. Ese esfuerzo se tradujo al principio en un diferencial de costes próximo al 30-35%, pero en muy pocos años la estandarización de los vehículos permitió rebajar esa cifra al 10-15%, quedando en la actualidad prácticamente reducida a cero.
En realidad, los autobuses escalonados están a punto de ser excluidos del mercado del transporte urbano. Además, buena parte del coste superior que pueden presentar los autobuses de piso bajo respecto a los hipotéticos modelos escalonados hay que atribuirla no tanto al piso bajo como a los sistemas complementarios que se instalan, es decir, el arrodillamiento y la rampa.
Un proceso semejante de reducción de costes diferenciales se viene produciendo en lo que respecta a la reparación y conservación de los vehículos, que si bien en un primer periodo resultaban más complejas y, por tanto, costosas, tienden hoy a simplificarse y abaratarse, tanto como consecuencia de los procesos de normalización de los equipos, como de mejoras en el diseño.
Frente a esas desventajas iniciales de tipo económico, la transformación de la flota ha significado un incremento no sólo del atractivo del autobús como medio de transporte urbano para numerosos colectivos, sino también de la eficacia operativa de las compañías, pues la facilidad de acceso de los clientes redunda en un menor tiempo de detención en las paradas y, por tanto, de unas velocidades comerciales superiores.
La irrupción de los autobuses de piso bajo no ha terminado, sin embargo, con los problemas de accesibilidad y, en particular, con los que presentan las personas que se desplazan en silla de ruedas. En efecto, sólo una parte del parque de autobuses de piso bajo está hoy adaptado o funciona correctamente para el acceso de sillas de ruedas, lo que significa una reducción considerable de la fiabilidad del sistema para quienes se desplazan de ese modo. Una proporción no desdeñable de los autobuses de piso bajo no disponen de rampa o ésta no funciona correctamente; además las inclinaciones resultantes del contacto autobús-acera o autobús-calzada, junto con diseños que en ocasiones presentan resaltes excesivos de las rampas, impiden en muchos casos el acceso autónomo de las personas en sillas de ruedas. Se puede afirmar que la rampa no es hoy una opción óptima para el acceso de todos los usuarios de silla de ruedas.
El otro condicionante que interviene junto a los vehículos en la relación acera-bus es la propia parada. Tal y como se refleja en el apéndice correspondiente (“La accesibilidad en las paradas de autobús. Resultados del trabajo de campo”), las paradas de autobús en el ámbito nacional presentan numerosas deficiencias y obstáculos que limitan la eficacia de los autobuses de piso bajo. En particular, más del 20% de las paradas no tienen un ancho de paso adaptado a una silla de ruedas, mientras que el 15% se encuentra ocupada por vehículos aparcados que impiden la aproximación correcta del autobús.

Si a todo ello se suma la reducida preparación que en ocasiones muestran los conductores para las tareas de “arrodillamiento” del autobús y despliegue de la rampa, así como un incorrecto diseño de los espacios para la localización y anclaje de las sillas de ruedas, se tendrá como conclusión que la accesibilidad obtenida con los vehículos de piso bajo en el transporte regular urbano en autobús no ha cumplido todas las expectativas prometidas para algunos de los colectivos de personas con discapacidad.
Igualmente, la accesibilidad sigue estando muy restringida para las personas que empujan un carrito de niño, pues la mayor parte de las normativas de las compañías operadoras impiden el acceso directo de dichos carritos, también afectados por la falta o mal funcionamiento de las rampas.
Un estudio reciente del IMSERSO, titulado “Evaluación del programa de transporte accesible del IMSERSO” (IMSERSO, 1999), investiga precisamente algunos de esos condicionantes sociales e institucionales de la accesibilidad. Del trabajo de campo realizado para dicho estudio se deduce que los sistemas técnicos que facilitan la accesibilidad no siempre se utilizan adecuadamente o no siempre son suficientes. Por ejemplo, en un 7,4% de los casos el arrodillamiento del autobús no se produjo a pesar de que parecía aconsejable.
Además, a pesar de disponer de mecanismos que facilitan la accesibilidad, casi la mitad de las personas con movilidad reducida observadas en dicho trabajo de campo tuvieron dificultades para subir al autobús. En particular, el 11,2% tuvo problemas para poder subir a la plataforma de piso bajo y el 8% tuvo miedo al andar para dirigirse a los asientos o puertas.
El mismo trabajo de campo también detectó que cerca del 20% de las aproximaciones de los autobuses a las paradas estaban dificultadas por la presencia de automóviles incorrectamente aparcados. En otro 6,4% de los casos a pesar de no existir dichas dificultades fue el conductor el que no realizó el acercamiento adecuado para que funcionaran debidamente las ayudas técnicas previstas.
En conclusión, la rápida introducción de los autobuses de piso bajo en las flotas de los servicios de transporte urbano es un signo positivo de cambio en la accesibilidad. Pero el autobús de piso bajo debe ser interpretado como condición necesaria pero no suficiente para la cadena de la accesibilidad, su implantación generalizada debe ser complementada con otras medidas que posibiliten su utilización cómoda y segura por parte de todos los usuarios; en particular es imprescindible resolver los problemas de acceso a las paradas, mejorar la formación de los conductores, incrementar la conciencia social y establecer un marco normativo que no restrinja las posibilidades por ejemplo del transporte de carritos de niño.
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Problema
principal |
Problemas
complementarios |
Aspectos
sociales e institucionales |
|
Transporte vertical desde la calle hasta los vestíbulos y andenes. |
Relación entre andén y vagón para sillas de ruedas (especialmente en estaciones en curva). Espacio para la localización y sujeción de sillas de ruedas, carritos de niño y bicicletas en los vagones. |
Redacción de los pliegos de condiciones para la compra del material móvil. Normativa de acceso de bicicletas. |
|
Indicador básico |
Indicador
de apoyo |
|
Estaciones practicables y su proporción respecto al total. |
Proporción de viajeros que utilizan las estaciones practicables respecto al total. |
|
125 (38%) |
25% |
Fuente: Base de datos Acceplan. Véase apéndices de este documento.
Dado el carácter subterráneo de sus instalaciones, el problema principal de los metropolitanos es obviamente el acceso vertical a los vestíbulos y andenes, resuelto en las primeras etapas de construcción del sistema básicamente mediante escaleras convencionales. Posteriormente se fueron incorporando escaleras mecánicas, pero no es hasta los años noventa cuando se empieza a generalizar la presencia de ascensores en el diseño de los nuevos metros de Bilbao y Valencia y en las ampliaciones de los de Barcelona y Madrid.
Desde ese punto de vista, estaciones practicables significa aquí que existe un transporte vertical que permite el acceso tanto a los vestíbulos como al conjunto de andenes. Indudablemente, la presencia de escaleras mecánicas palia el efecto barrera de la subterraneidad, pero es difícil traducirlas a un indicador legible y sencillo de establecer. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que en el metro de Madrid existe cerca de un millar de escaleras mecánicas, pero siguen sin contar con esa alternativa centenares de tramos de escaleras convencionales de muy diversa longitud e importancia para la accesibilidad y los transbordos entre líneas.
Los esfuerzos para la incorporación de ascensores, escaleras mecánicas y cintas rodantes para los transbordos de las líneas antiguas se topan con costes de adaptación muy altos como consecuencia de varios factores acumulados: el propio coste de instalación y mantenimiento de los sistemas de transporte vertical, las intrincadas relaciones espaciales existentes en una estación subterránea, la escasez de espacio en lugares críticos como los vestíbulos y las dificultades de encontrar un lugar adecuado en superficie para instalar el acceso al ascensor. Hay estaciones antiguas en donde la implantación de un transporte vertical adecuado significa la reforma completa de la misma, a realizar además sin detener su utilización cotidiana, cosa que no ocurre con las nuevas estaciones.
Los noventa como década de iniciación de la accesibilidad en las ampliaciones y nuevos sistemas de ferrocarril metropolitano.
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1990 |
No hay estaciones practicables en los metropolitanos en funcionamiento (Madrid y Barcelona) |
|
2000 |
En el nuevo metro de Bilbao, en parte del de Valencia y en las ampliaciones de las redes antiguas de Barcelona y Madrid, las estaciones son accesibles para personas con silla de ruedas. En el metro de Madrid el 26% de las estaciones son accesibles, mientras que en Barcelona esa cifra es del 20%. En conjunto cerca del 38% de las estaciones de metro españolas es accesible. |
Tabla 9. 4. Las estaciones practicables en los ferrocarriles metropolitanos en 2000.
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|
Número
total de estaciones[6] |
Número
de estaciones practicables |
Porcentaje
de estaciones accesibles sobre el total |
|
Madrid |
156 |
40 |
26% |
|
Barcelona[7] |
90 |
18 |
20% |
|
Bilbao |
24 |
24 |
100% |
|
Valencia |
59 |
43 |
73% |
|
Total |
329 |
125 |
38% |
Fuentes: ATM, Consorcio Regional de Transportes de Madrid, FGV y Metro de Bilbao.
Ese indicador básico de la accesibilidad de las estaciones, representativo de la oferta, puede ser ponderado atendiendo a la demanda, es decir, al número de viajeros que las utilizan en cuyo caso se aquilata mejor la importancia para el sistema del conjunto de estaciones accesibles. Así, en el metro de Madrid, el grueso de la demanda (82,6%) se concentra en las estaciones que no son practicables, pues las ampliaciones de líneas suelen tener una posición más periférica en la ciudad y, por tanto, generan un menor número de viajes. Por el contrario, en el de Valencia, en donde las estaciones nuevas se localizan en el centro urbano, el porcentaje de viajeros en estaciones que son practicables es semejante al peso que éstas tienen en el conjunto de la red.
Tabla 9. 5. Demanda de viajeros en las estaciones de los metros de Madrid y Valencia en 1999.
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Número total de viajeros |
Número de viajeros que utilizan las estaciones practicables |
Porcentaje de viajeros que utilizan las estaciones practicables sobre el total |
|
Madrid |
480.505.214 |
83.703.767 |
17,4% |
|
Valencia |
30.766.473 |
22.876.829 |
74,3% |
Fuente: Metro de Madrid
y FGV.
En conclusión, se puede estimar que alrededor de una cuarta parte de la demanda de viajeros de los ferrocarriles metropolitanos utiliza estaciones practicables, lo que pondera a la baja la adaptación del 38% de las estaciones existentes.
En relación a los problemas de accesibilidad complementarios, es importante reseñar las dificultades diversas de acceso al material móvil desde los andenes que presentan las redes de metropolitano, las cuales incluso varían de línea a línea en un mismo sistema. En el metro de Madrid, además, coexisten líneas de diferente gálibo, es decir, que tienen secciones de túnel y relación con los andenes distintas, lo que dificulta la normalización de los vagones. En general, los obstáculos más importantes se dan en las estaciones en curva, pues en ellas los trenes se adaptan peor al perfil de los andenes y aparece en algunas de las puertas un gran espacio vacío a salvar.
Hay también casos, como ocurre en alguna de las líneas del metropolitano de Barcelona, en donde parte del material móvil sobrevuela parcialmente el andén mediante a la disposición de un saliente del suelo de los vagones en el ancho de las puertas, lo que tiene la ventaja de salvar la separación horizontal entre el vagón y el andén; como contrapartida, la separación vertical con el andén es relativamente elevada, lo que dificulta el acceso en silla de ruedas.
Otro problema complementario destacable es la escasa presencia de lugares diseñados para el alojamiento de sillas de ruedas, carritos de niño o bicicletas en el interior de los vagones. Únicamente en algunas líneas se ha adoptado recientemente material móvil específico para el transporte de sillas de ruedas pero, como ocurre por ejemplo en una de las líneas del metropolitano de Madrid, la localización de las puertas de acceso a dichos espacios es variable y los vagones adaptados no constituyen la totalidad de los trenes empleados en la línea.
Por último, cabe recordar que los vestíbulos y las propias estaciones son espacios difíciles de aprehender por parte de las personas con discapacidades sensoriales, sobre todo cuando se trata de lugares de gran dimensión como ocurre en algunas de las nuevas líneas de las distintas ciudades.
Todos estos condicionantes de la accesibilidad a los metropolitanos podrían cambiar de rumbo si fueran tenidos en cuenta a la hora de redactar los pliegos de condiciones técnicas para la compra del material móvil, estableciéndose por ejemplo requisitos mínimos para la relación vehículo-andén y para el alojamiento de sillas de ruedas, carritos de niños o bicicletas. La importancia de este aspecto se desvela si se tiene en cuenta que los periodos de amortización de los trenes del metropolitano son de los más largos del transporte público; recuérdese al respecto cómo los vagones con los que Alfonso XIII inauguró el metro de Madrid todavía rodaban con reformas moderadas más de sesenta años después.
En conclusión, la rigidez de las infraestructuras de este medio de transporte, junto con los largos periodos de amortización del material móvil, indican que los esfuerzos para alcanzar unos umbrales primarios de accesibilidad en las redes de metro antiguas serán considerables y prolongados. En particular, la garantía de un transporte mecánico vertical entre la calle y los vestíbulos y andenes es la asignatura pendiente clave de las líneas de metro de mayor demanda. La recompensa por esos esfuerzos será sin embargo elevada ya que las mejoras serán muy significativas para absolutamente todos los usuarios, hoy afectados por los numerosos tramos de escaleras.
5.3 Tranvías
|
Problema
principal |
Problemas
complementarios |
Aspectos
sociales e institucionales |
|
Relación andén-vehículo |
Espacio para la localización de sillas de ruedas, carritos de niño y bicicletas en los vagones. |
Redacción de los pliegos de condiciones para la construcción de la infraestructura y el material móvil. Normas de acceso de carritos de niño. |
|
Indicador
básico |
Indicador
de apoyo |
|
Líneas y material móvil practicable. |
Proporción
de vehículos con rampa de acceso. |
|
1 (100%) |
0 (0%) |
Fuente: FGV.
Los nuevos tranvías inaugurados o a punto de inaugurarse en unas pocas ciudades españolas, entre las que se cuentan Valencia, Barcelona y Bilbao, presentan un aceptable grado de accesibilidad.
La primera línea de esta segunda época del tranvía se inauguró en Valencia en 1996. Cuenta con 40 andenes para el acceso a los vehículos en 27 paradas de tranvía, todos ellos con rampas de acceso para sillas de ruedas. Los vehículos son de piso bajo a la altura de los andenes y disponen de un espacio reservado para el anclaje de las sillas de ruedas. No tienen rampa de acceso par salvar el hueco entre andén y vehículo cuya separación alcanza como máximo 70 mm en horizontal y 80 mm en vertical (García Aznárez, F. y López Morante, G., 1997).
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[4] En 1998 el número de autobuses del servicio urbano en España era de 7.377 (Anuario Estadístico 1999 del Ministerio de Fomento). Para la estimación de la flota de autobuses de piso bajo véase el apéndice “Aproximación a la flota de autobuses de piso bajo” de este mismo trabajo.
[5] Como ejemplo de esa incorporación más lenta se puede mencionar el caso de los servicios interurbanos de la Comunidad de Madrid, en donde en 1998 sólo cuatro vehículos eran de piso bajo y disponían de rampa. En dicha comunidad existían en 1999 un total de 1.397 autobuses prestando servicios metropolitanos-regionales, habiéndose añadido en el mencionado año a la flota 179 autobuses nuevos, de los cuales el 35% incorporaban mejoras en la accesibilidad (35) de piso bajo, 25 de piso semibajo y 3 disponían de plataforma elevadora según la Memoria 1999 del Consorcio Regional de Transportes de Madrid. Por su parte, en 1999, en el ámbito de la Autoridad del Transporte Metropolitano de Barcelona, de los 400 autobuses que prestaban servicios suburbanos sólo 11 estaban adaptados a personas con movilidad reducida, aunque estaba prevista la incorporación en el año 2000 de otros 80 (70 de piso bajo y 10 más con plataforma elevadora).
[6] El número de estaciones total y el de estaciones accesibles no es la suma de las existentes para cada línea, pues las que permiten transbordo se han contabilizado una sola vez.
[7] Fuente: ATM.