Capítulo 10

 

Epílogo: un mundo sin barreras 

Planteémonos una hipótesis: ¿Cómo cambiaría la vida de las personas más afectadas por las barreras si éstas desaparecieran? Parece evidente que la respuesta sólo puede ser esta: simplemente, harían lo mismo que hacen las otras personas, es decir, las que no están particularmente constreñidas por las barreras. El comportamiento de una persona discapacitada debería ser similar al de cualquier otra de su misma edad, condición social, situación familiar, etc. si desaparecieran los condicionantes que la limitan, entre los cuáles tiene un papel fundamental la insuficiente accesibilidad. Por supuesto hay otro tipo de condicionantes, de salud o de integración social, por ejemplo, pero estos afectan también a otros colectivos, de modo que la accesibilidad se puede considerar el factor distintivo más importante de colectivos como el de personas con discapacidad en cuanto a su interacción con el entorno.

Ahora bien, con independencia del comportamiento esperado es importante conocer la percepción de los propios interesados, y por ello hemos querido investigar cómo creen las propias personas con discapacidad (y algunas personas de edad sin discapacidad específica) que cambiarían sus actividades en un mundo sin barreras. Si bien no es fácil para nadie imaginar cómo serían las propias actitudes y disposición ante un cambio tan fundamental, hay múltiples aspectos que se pueden llegar a vislumbrar, bien porque una vez se tuvieron (discapacidades sobrevenidas, ancianidad), bien porque las limitaciones de la situación provocan claras insatisfacciones, ya sea por la falta de solución a las necesidades funcionales, o por la singularidad de éstas[92].  

En consecuencia, les hemos pedido a 915 personas encuestadas que hagan el ejercicio de imaginar lo que harían en caso de una supresión generalizada de barreras: cómo cambiarían sus actividades, sus formas de transporte, en qué emplearían el tiempo ganado, etc. No se trata de un ejercicio trivial, las respuestas obtenidas en el apartado “Un mundo sin barreras” de los cuestionarios realizados ofrecen una buena guía para ayudar a priorizar las acciones del Plan de Accesibilidad y tomar en cuenta la variedad de soluciones que cada colectivo pueda requerir.

El capítulo se completa con un análisis de preferencias en el uso de los recursos públicos destinados a la integración de las personas con discapacidad.

 

10.1.Actividades y uso del tiempo tras la eliminación de barreras 

La primera consecuencia de la supresión de barreras es una ganancia de tiempo y posibilidades de realización de actividades, del tipo que sean. Los resultados muestran el grado de condicionamiento que las barreras suponen sobre la vida de los encuestados. En la medida en que se identifiquen cambios de actividades o de utilización del tiempo se estará reconociendo el perjuicio actual (en forma de limitaciones) que provocan las barreras

  Gráfico 10.1. Cambio de actividades tras la supresión de barreras
¿Qué cosas haría si se eliminasen todas las barreras?

 

Fuente: Encuestas a Usuario: “Accesibilidad y Espacio Urbano”, “Accesibilidad y Edificación”, “Accesibilidad y Transportes Interurbanos” y “Accesibilidad y Transportes Urbanos”. Acceplan 2001

 

Hemos englobado bajo el título de cambiaria mis actividades a un 6% de personas que desean un cambio completo de actividades, así como el 5% que desearía dejar ciertas actividades que realiza y comenzar otras nuevas. Este 11% es, por tanto, la proporción de personas con discapacidad a las que las barreras están imponiendo un tipo de vida y actividad muy diferente al deseado. Podría parecer un porcentaje pequeño comparado con el 78 % (41 + 37)que no dejaría de hacer ninguna de las cosas que actualmente realiza, pero hay que tener en cuenta que un 41% de éstos también harían cosas que ahora no pueden hacer, nuevas actividades que ahora están vetadas a estas personas a causa de las barreras existentes. Este último grupo añadido al primero citado compondría un colectivo del 52% de personas con discapacidad que reconocen que, las actuales circunstancias condicionan su libertad de acción y elección. 

Podríamos concluir que las barreras actúan como elemento que bloquea la posibilidad de hacer ciertas actividades deseadas, limita considerablemente el tiempo dedicado a otras, pero apenas obliga a realizar otras no deseadas, ya que sólo un 11% reconoce que dejaría de hacer ciertas actividades actuales o bien cambiaría por completo esas actividades.

Un aspecto importante a considerar es si hay respuestas significativamente diferentes entre las personas con discapacidades diferentes, pero esto no se puede comprobar con la muestra actual, pues está muy dominada por las discapacidades del sistema nervioso.

Una última pregunta recogió las actividades que emprendería o intensificarían los encuestados correspondientes. Estas respuestas, de tipo abierto, se han codificado y agrupado, y se presentan en la Tabla 10.1.

Tabla 10.1. Actividades nuevas o que aumentaría tras la eliminación de barreras

Actividades

Más tiempo

Actividades nuevas

Pasear

68

67

Salir

34

63

Relaciones sociales

29

24

Ocio y espectáculos

28

67

Viajes

22

44

Compras

21

30

Estudiar y formación

14

32

Otras, diversas

13

90

Actividades culturales

12

34

Deportes

3

22

Fuente: Encuestas a Usuario: “Accesibilidad y Espacio Urbano”, “Accesibilidad y Edificación”, “Accesibilidad y Transportes Interurbanos” y “Accesibilidad y Transportes Urbanos”. Acceplan 2001

 

Como vemos la proporción de personas para las que las actividades son “nuevas” es muy superior a los que ya las realizan y les dedicarían más tiempo, recalcando las grandes limitaciones sufridas.

Analizando las respuestas queda de manifiesto una vez más que los deseos de las personas encuestadas, condicionados a la supresión de barreras están fundamentalmente vinculados al ocio y las relaciones personales. Entre las actividades citadas, pasear o “salir” juntamente con las visitas culturales, de ocio o viajar son a las que –con gran diferencia- se dedicaría más tiempo. Estudiar e ir de compras son también respuestas destacadas.

Lo más llamativo de las respuestas es la cantidad de actividades muy simples que serían “nuevas” (es decir, algo que en la actualidad no pueden realizar pero desearían hacerlo) para una gran proporción de la muestra. Se han recogido 526 respuestas de actividades ‘nuevas’ frente a 262 a las que se dedicaría más tiempo. Es inmediato deducir que el número de personas que no pueden acceder actualmente a ciertas actividades es superior que los que desean ampliar el tiempo dedicado a las que ya realizan. Actividades de ocio como ir al cine o al teatro, viajar o –aún más importante- pasear, son totalmente inalcanzables para muchas personas a causa de las barreras.

En sentido contrario, hay otras actividades que los encuestados querrían reducir, restar tiempo e importancia en su vida si pudieran, es decir, si no hubiera barreras que les obligan a realizarlas por encima de lo que es su deseo. Estas actividades son, fundamentalmente, “estar en casa”, “esperas en el transporte” o “ver la televisión”.

Por último, hay actividades impuestas que se querrían dejar de hacer. Son, de nuevo, y principalmente, “estar en casa”. Después hay otras actividades como por ejemplo “depender de los demás” y “monotonía y repetición” que también se dejarían de hacer en menor medida. Son pocas las actividades indicadas en sentido negativo, que se quieren limitar o eliminar, lo que se corresponde con lo ya señalado de que las barreras actúan fundamentalmente como inhibidor de actividades, más que como promotoras de actividades indeseadas. Las actividades no deseadas son fundamentalmente pasivas, ligadas a la inactividad o a la obligación de estar en los mismos lugares. Algunas respuestas son muy expresivas del hastío respecto a situaciones cotidianas: ‘ir siempre al mismo sitio’, ‘imaginarme lugares’, o ‘pensar en la mala situación personal’ pueden ser una buena muestra de esa insatisfacción en gran medida inducida por la existencia de barreras.

10.2. Cambios en la utilización de Transportes Urbanos

Analizamos ahora como incide la supresión de barreras sobre la utilización de los medios de transporte en la ciudad. Sabemos que una gran cantidad de personas con discapacidad deben desplazarse por la ciudad utilizando medios de transporte no elegidos libremente, sino resultado de la limitación de opciones reales por causa de la inaccesibilidad en muchos medios. En múltiples casos estas personas deben recurrir a transportes especiales (municipales o asociativos) o a la dependencia de familiares para resolver sus necesidades de movilidad. Por ello es importante conocer los cambios que se producirían ante una supresión general de barreras en el transporte, como la que se les plantea en la siguiente pregunta, y cuyos resultados se ofrecen en la tabla que sigue. En ella se identifica cómo cambiaria el uso de los transportes. A estas respuestas se han asociado valores decimales: 10, 5 o 0, correspondientes a Más, Igual y Menos respectivamente.

 

Tabla 10.2. ¿Cómo cambiaría el uso de los transportes?

Escala decimal utilizada:  Lo usaría...más (10), igual (5), menos (0)

Elemento

Media

1

2

6

Coche

5,1

5

3,2

5,5

Bus

8,0

7,1

6,8

8,3

Metro

7,6

7

7,0

7,7

Tren cercanías

7,3

7,1

4,4

7,6

Taxi

4,1

2,5

1,1

4,6

Rango muestral

47/135

5/12

5/11

31/93

*1=Deficiencias mentales, 2=Deficiencias visuales, 6=Deficiencias del sistema nervioso, (Según INE, 1999)

Fuente: Encuestas a Usuario: “Accesibilidad y Transportes Urbanos”. Acceplan 2001

 

Como ya se ha visto, el autobús es el medio que tiene una mayor demanda retenida por causa de la accesibilidad, y que es particularmente elevada entre los discapacitados físicos. El metro y tren también muestran una elevada demanda. En cambio, el uso del coche no parece muy vinculado a las posibles barreras existentes: su uso apenas cambiaría si estas se suprimieran, aunque si analizamos por colectivos vemos que hay ciertas diferencias importantes.

El medio menos popular es el taxi, cuyo uso parece estar supliendo gran cantidad de necesidades de transporte no cubiertas por otros medios de transporte públicos. Es por ello que la finalización de la actual dependencia significaría una disminución de su utilización entre todos los colectivos.

A la pregunta de si utilizarían los mismos transportes, 95 de los 219 usuarios (43,4%) han respondido afirmativamente.

Se puede, por tanto hablar de que las barreras están determinando el modo de transporte de aproximadamente la mitad de las personas con discapacidad, que ante una caída de barreras podrían reaccionar cambiando el medio o medios utilizados, con las siguientes preferencias:

·         La utilización del vehículo privado se mantendría casi constante, excepto entre los discapacitados visuales que disminuirían su uso.
·         La utilización del autobús urbano se incrementaría de forma considerable entre casi todos los colectivos.
·         Lo mismo se puede decir del ferrocarril de cercanías y del metro.
·         En cambio, disminuiría la utilización del taxi  

En definitiva, las personas con discapacidad, fundamentalmente incrementarían el uso de todos los medios de transporte ante su mayor demanda efectiva de movilidad tras la eliminación de barreras.

 

10.3.Cambios en la utilización de Transportes Interurbanos

En relación con la utilización de los transportes interurbanos la dependencia puede ser menor, dada la menor frecuencia de ocurrencia de estos viajes y su mayor realización con motivos familiares o de ocio, más propicias a realizarse con personas acompañantes. Los cambios que se producirían ante una supresión general de barreras en el transporte interurbano y en los viajes se ofrecen en la tabla que sigue. En ella se identifica cuánto utilizaría cada medio de transporte en tal caso, habiendo tres posibles respuestas: Más, Igual o Menos. A estas respuestas se han asociado valores decimales: 10, 5 o 0 respectivamente y calculado, de esta forma los valores de la Tabla 10.3.

Tabla 10.3. Cambio en el uso de los transportes Interurbanos

Escala decimal utilizada:  Lo usaría...más (10), igual (5), menos (0)

Medio

Media poblac.

1

2

3

F**

Coche

5,5

5,0

5,2

7,5

4,9

Autocar

7,8

10,0

7,4

6,3

8,1

Tren

8,0

10,0

7,1

6,7

8,5

Avión

6,5

5,0

7,0

5,0

7,4

Barco

6,7

5,0

6,3

6,7

7,3

Taxi

5,1

5,0

4,6

5,0

5,4

¿Cuánto viajaría?

7,5

5,6

7,2

7,5

8,3

Rango muestral

77/165

2/9

15/29

¾

56/118

*1=Deficiencias mentales, 2=Deficiencias visuales, 3=Deficiencias del oído, 4=Deficiencias del lenguajes, habla y voz, 6=Deficiencias del sistema nervioso, 7=Deficiencias viscerales (Según INE, 1999).

Fuente: Encuestas a Usuario: “Accesibilidad y Transportes Interurbanos”. Acceplan 2001

Los valores que muestra se pueden interpretar como expresión de demanda insatisfecha de las personas con discapacidades a causa de las barreras. Los viajes en tren, autocar, avión e incluso barco se incrementarían de forma notable a juzgar por las intenciones manifestadas. Los medios terrestres serían los que mayor incremento tendrían, y particularmente el tren, que es el medio más inaccesible para el conjunto de encuestados. 

El uso del vehículo privado permanecería casi constante para algunos colectivos (mentales, ciegos), disminuiría ligeramente para otros (deficiencias del sistema nervioso), pero también aumentaría en algunos casos (deficiencias auditivas y no clasificadas). En conjunto, de las respuestas dadas por los colectivos que están bien reflejados en la muestra se deduciría que no habría cambios en el uso del vehículo privado.

En cuanto al número de viajes, en conjunto el colectivo viajaría más, como muestra el valor medio de 7,7 obtenido en la pregunta correspondiente. Los que más aumentarían sus viajes son, lógicamente los más afectados por las barreras: las discapacitados del sistema nervioso. Otros, apenas afectados por estas barreras, como los que tienen deficiencias mentales, apenas aumentarían sus viajes.

La mayor parte de las personas con discapacidades desearía viajar más, como ya se ha puesto de manifiesto en este trabajo y en otros estudios de demandas de estos colectivos. Las personas con discapacidades del sistema nervioso son las más proclives a viajar ante la supresión de barreras, lo que resulta lógico al ser las que están más afectadas por ellas.

En conclusión podemos afirmar que, a partir de los datos recogidos en cualquiera de los ámbitos se confirma la hipótesis previa de que el comportamiento de las personas con discapacidad ante la supresión de barreras sería muy similar al de cualquier otra persona no condicionada por ellas. Esto se confirma por la observación de que son las personas más afectadas por la inaccesibilidad las que más cambios introducirían en su utilización de los medios de transporte y en su propensión a viajar.

 

10.4.Acciones prioritarias

Se pretende conocer cuáles sería las acciones prioritarias a emprender en un supuesto plan de acción, de acuerdo a las opiniones de las personas con discapacidades. El objetivo es saber cómo los propios afectados ordenarían jerárquicamente unas acciones que son todas, en si mismas, deseables. Dentro de esta ordenación se incluyen las mejoras de accesibilidad -como las que se podrían obtener a partir de la puesta en marcha de un Plan de

 Accesibilidad- con objeto de situar su importancia global frente al resto de alternativas y conocer, en consecuencia, las expectativas existentes frente a un plan como el previsto. 

La pregunta plantea la necesidad de repartir 100 unidades numerarias entre diversos objetivos como consecuencia de un plan para resolver los problemas de las personas discapacitadas. Las opciones de respuesta y los resultados se muestran en el siguiente grafico.

Gráfico 10.2. Preferencias declaradas de recursos entre Acciones
“¿Cómo distribuiría Vd. 100 unidades entre las siguientes acciones?”

Fuente: Encuestas a Usuario: “Accesibilidad y Espacio Urbano”, “Accesibilidad y Edificación” Acceplan 2001

 

Insistimos en que se trata de una decisión compleja, puesto que todos los objetivos planteados son deseables para las personas con discapacidad. Los resultados muestran que el uso de recursos para mejorar la accesibilidad se valora más positivamente que las demás. Es previsible que la temática general de la encuesta haya influido o sensibilizado más a los encuestados de cara a este tema, frente a otros también muy importantes. No obstante es importante comprobar que aspectos como las ayudas directas a las personas afectadas no están entre los objetivos más reclamados; y ello a pesar de tratarse de colectivos cuya renta media está considerablemente por debajo de la media nacional. Una actividad que en principio no reporta beneficios inmediatos a las personas discapacitadas, como es la de “concienciación” resulta valorada de forma similar a las ayudas económicas directas, lo que sin duda es muy expresivo de la elevada importancia concedida por estas personas a las actividades ‘públicas’ es decir, a los cambios que faciliten su integración y su aceptación social, por encima de los beneficios económicos inmediatos. Un caso diferente es el de los servicios de asistencia que podemos considerar verdaderamente imprescindibles para muchas de las personas encuestadas y sin las cuáles en muchos casos difícilmente podrán aprovechar las mejoras de accesibilidad y utilización de Ayudas Técnicas.

Podemos concluir diciendo que los resultados de esta pregunta reafirman el papel de la mejora de accesibilidad como acción integradora fundamental –si no la más importante- para las personas con discapacidad, como expresión que es de la intervención para eliminar su aislamiento físico y social, es decir, su exclusión.

10.5. Conclusión final: una reflexión sobre la Accesibilidad y el futuro

Una primera consecuencia de los múltiples trabajos realizados es una revisión del concepto de accesibilidad y sus límites. Podemos ahora elaborar una definición propia de accesibilidad, más amplia y acorde con nuestras observaciones:

La accesibilidad es un conjunto de características que hacen posible que cualquier entorno, servicio, sistema de gestión o mantenimiento se diseñe, ejecute o sea apto para el máximo número de personas posible en condiciones de confort, seguridad e igualdad.

A la vista de esta definición, resulta evidente la dificultad de acotar los límites de un diagnóstico como el realizado. No es posible mostrar un único o cerrado punto de vista sobre el estado de la accesibilidad en una sociedad diversa y compleja como la nuestra. Por ello desde un inicio hemos considerado la necesidad de contemplar las dos perspectivas más importantes: la técnica y la de los usuarios. Con tal propósito se han realizado los estudios y trabajos de campo presentados a lo largo de las anteriores páginas, y que han ofrecido resultados diversos, complementarios e incluso aparentemente contradictorios, sobre el estado de la accesibilidad en España. Se investigaron las condiciones de accesibilidad en los ámbitos más relevantes de entre la infinidad de entornos, servicios o sistemas susceptibles de presentar barreras, obteniendo una perspectiva muy amplia y contrastada. Y en ese proceso no se ha olvidado considerar las barreras creadas en el proceso de gestión y mantenimiento de los entornos y servicios, aspecto fundamental para evitar la creación o reproducción de barreras cuando ya se han aplicado medidas técnicas adecuadas para eliminarlas

La perspectiva sobre el estado de la accesibilidad resultante puede parecer pesimista a algunos, que quizá piensen que hemos sido demasiado exigentes y, en consecuencia, no hemos recogido las mejoras que a lo largo de los últimos años se han producido fruto de las actuaciones públicas, de la aplicación de la normativa o de la mejora de conciencia pública. No podemos ni pretendemos negar estos progresos, pero las consecuencias de una supervisión estricta de la legislación y de incorporar la visión propia de los usuarios ofrece unos resultados como los que mostramos. La accesibilidad, como hemos dicho múltiples veces, es una cadena y como tal, la ruptura de un eslabón a menudo hace inservible al conjunto, al menos para el propósito de garantizar al máximo número de personas posible la plena autonomía y la igualdad de condiciones en el uso de los entornos. De ello han sido fieles testigos las exhaustivas y geográficamente extensas evaluaciones puestas en marcha para el trabajo, así como las experiencias diarias de los afectados, como consta en las bases de datos resultantes. Éstas permitirán hacer comparaciones futuras para analizar los efectos de las políticas que se puedan poner en marcha.

Desde luego hay eslabones más importantes o más insalvables que otros, por ello se ha buscado relativizar la importancia de determinadas barreras que pudieran ser excesivamente excluyentes a pesar de tener unos efectos de menor gravedad, como es el caso de los suelos deslizantes en la edificación o de la altura de los elementos de operación o de atención al público en los edificios de uso público. En la explotación de las evaluaciones se han ido retirando determinadas condiciones demasiado estrictas de accesibilidad para ver la gravedad de los otros elementos que inaccesibilitan. Se han analizado los efectos particulares de barreras concretas, se han combinado las soluciones por medio de programas de simulación creados al efecto y se ha discutido a partir de los datos, sobre la importancia de las actuaciones combinadas que hicieran mucho más efectivas y eficientes las condiciones de accesibilidad. Consideramos que esta es una buena base para hacer un plan de características nacionales y tan amplio que debe cubrir los múltiples ámbitos que afectan y determinan los niveles generales de accesibilidad. Hemos de reconocer que esta amplitud es el principal reto y dificultad de un plan como este y de un trabajo como el que se ha mostrado. La parcialidad se ha querido evitar en lo posible y por ello se concibió en todo momento como una suma de perspectivas complementarias.

Finalmente, lo que este trabajo debía poder mostrar es el estado de la accesibilidad en España. La respuesta no es fácil y tiene muchas facetas, pero si se hubiera de sintetizar de forma muy breve podríamos decir que está en un estado incipiente y esperanzador.

Incipiente no tanto porque no se hayan hecho muchas cosas, sino porque la tarea es ingente y muchas actuaciones carecen de la continuidad, coordinación y coherencia necesarios para su mayor aprovechamiento. También porque desde el punto de vista del cumplimiento de la normativa (que es ambiciosa y se encuentra muy por encima de la realidad exigida y manifestada en la práctica) estamos muy lejos de garantizar su cumplimiento.

Incipiente porque la mentalidad general de la sociedad, aunque más informada y abierta, está lejos del nivel de compromiso que una tarea como la supresión de barreras requiere. La accesibilidad en efecto requiere algo más que una legislación que intentar aplicar, requiere un compromiso amplio de los actores sociales, pero un compromiso ‘informado’ en el que las alternativas a veces son renuncias: la accesibilidad no puede mejorar si no mejora el comportamiento cívico de los ciudadanos, y de las autoridades, si no se interioriza que hay muchas personas que se pueden ver perjudicadas por una ocupación de acera, por un diseño poco atento a la funcionalidad, por una solución de corto plazo. El compromiso implica cambiar hábitos y criterios administrativos para adecuarlos a una normativa que la propia administraciones deben empeñarse en cumplir, difundiendo, aplicándola en sus contratos públicos de compras, de obras, de mantenimiento, etc.

La esperanza viene por el compromiso público, que se manifiesta desde la Unión Europea y se proyecta en las diversas administraciones del Estado, si bien ese compromiso debe encontrar formas más eficientes de trabajo coordinado entre administraciones y con actuaciones más integradas. También viene por la fuerza y actividad del movimiento asociativo, por la puesta en marcha de iniciativas como el Plan o por los indicios de cambios de mentalidad y de concienciación que se perciben, a pesar de que estén lejos del compromiso requerido en el párrafo anterior.

Todos hemos escuchado que la accesibilidad es una cultura; pero hay culturas que -dicho en tono coloquial- nunca levantan cabeza y otras que se difunden por su propia fuerza o por la imposición. El ADA (Ley de Americanos con Discapacidad) de Estados Unidos es una buena muestra de ello en un país donde el incumplimiento de una ley como ésta puede tener consecuencias mucho más directas y graves que en el nuestro. El resultado es un país que desde 1990 ha avanzado de forma espectacular en este campo. No podemos decir lo mismo, probablemente no podamos y quizá tampoco queramos implementar un modelo similar, pero sí debemos tener una alternativa funcional y coherente. Ahora ya tenemos las leyes, en todas las CC.AA., nos falta hacerlas cumplir y para ello las propias administraciones deberían servir de ejemplo. Pero la realidad es muy distinta por el momento, se ha de destacar que los propios usuarios con discapacidad califican la accesibilidad de los edificios administrativos (excluidos los sanitarios, asistenciales o educativos) como una de las peores, lo que revela el largo camino que desde las propias administraciones queda aún por hacer.

La concienciación pública en accesibilidad tiene otro punto de apoyo fundamental: aprender a reconocer las barreras y rechazar su existencia. Esto no es tan fácil como parece y tiene sus costes: a menudo es más gratificante ignorar lo que nos perjudica. Hace falta mucha labor de concienciación, una difusión sencilla y práctica, una introducción de la accesibilidad en las disciplinas del diseño y la construcción, en las enseñanzas secundarias ¿porqué no?, como se enseña educación vial. Hace falta una valoración de lo público, como espacio integrador y de encuentro, y esto que parece tan utópico se debe concretar en el respeto, tolerancia e integración de todos con independencia de sus habilidades, principios que están perfectamente recogidos en la idea de Diseño Universal o Diseño para Todos sobre la que se debe construir la accesibilidad de la siguiente década.


[92] Por ejemplo, es posible que unos+- buenos servicios de asistencia o de transporte especial para usuarios de silla de ruedas resuelvan los problemas funcionales de transporte de estas personas, pero esta solución específica puede resultar insatisfactoria precisamente por su singularidad, cuando lo que se desea, además de poder llegar a los sitios, es hacerlo en condiciones y por medios similares a los de las demás personas.

 

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