Un viaje de 80 minutos a la piel del autismo

Solidaridad Digital (03/09/2010)


El peligro de abordar en una película la discapacidad es que la zona limítrofe entre emocionar al espectador y provocarle lástima se confunde –por desgracia- con cierta asiduidad. ‘María y yo’, un documental dirigido por Félix Fernández de Castro, no lo traspasa en ningún momento. Sintetizando, la película cuenta la historia de la búsqueda de unos padres por encontrar una forma de comunicarse con su hija, que tiene autismo.

El documental es la adaptación de la novela gráfica del mismo nombre que realizó el protagonista, Miguel Gallardo, Premio Nacional de Cómic 2008. Y combina a la perfección el ritmo pausado, la sinceridad, el humor, el sentimiento –no confundido con el sentimentalismo- y las relaciones afectivas insólitas. Insólitas porque María emplea un lenguaje propio que los padres han de desentrañar poco a poco. Un lenguaje que no utiliza palabras sino dibujos, trazos, nombres.

Aborda todas las vivencias posibles: cómo los padres se convierten en padres, los primeros síntomas de que algo desentona y advierte lo distinto, el diagnóstico, el asociacionismo, la aceptación y, en lo que se centra la mayor parte del largometraje, la relación entre María y sus padres. El resultado es un guión fieramente humano.

Vemos a María entreteniéndose en el avión haciendo trizas papeles y cartulinas, a María contando una y otra vez, una y otra vez, granos de arena en la playa (mientras suena de fondo la espléndida canción del cantautor canadiense Kevin Johansen, ‘Everything is’), a María gritando, sonriendo, enfadada, comiendo (a María le encanta comer, sobre todo espaguetis), paseando, celebrando una fiesta (a María le encantan las fiestas), repasando –una y otra vez, una y otra vez- los nombres de las personas que ha conocido a lo largo de su vida y cuya existencia ha sido en ocasiones tan fugaz que hasta a los padres se les olvida de quién habla María…

Como María es distinta, también lo es el estilo de la película, que no está filmada al uso, sino utilizando grafismo, movimiento, ilustración, sonidos de cómic, guiños directos al espectador, técnicas más propia del dibujo animado por momentos que de un documental clásico… y planos en los que la voz de los protagonistas, del narrados, que nos adentra en el viaje, quedan en silencio para realzar el pulso de la música de Pascal Comenade, ese artista difícil de definir (que, por cierto, es la banda sonora de las fotografías de Chema Madoz).

María vive con May, su madre, en Canarias. Miguel, el padre, en Barcelona. A veces, María y Miguel se van de viaje a un complejo turístico. La película recoge una de esas escapadas. Merece la pena escaparse con ellos.

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